TIPOS DE EVALUACION
2.1 Evaluación inicial
La evaluación inicial tiene por objeto el conocimiento del marco general en el que va a tener lugar la acción docente. Esto significa tener en cuenta no sólo el punto de partida de los alumnos, sino el punto de partida (es decir las posibilidades y las potencialidades) de la institución docente. En el caso de la educación a distancia, la evaluación inicial debería tener en cuenta específicamente (además de los aspectos generales relacionados con la naturaleza del currículo) la atención tutorial, los sistemas de comunicación y los recursos tecnológicos y didácticos disponibles. El objetivo de este tipo de evaluación podría resumirse sencillamente de la siguiente forma: conseguir saber lo que tenemos para actuar en consecuencia.Es posible (y hasta probable) que los adultos puedan tener determinados conocimientos previos específicos, obtenidos en procesos educativos no formales e informales, sobre determinadas cuestiones que vayan a ser objeto de estudio. Descubrir esto puede proporcionar un excelente punto de partida para el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Por otra parte, las características y las circunstancias personales de los adultos que estudian a distancia suelen tener una importancia decisiva en lo que se refiere a las probabilidades de éxito-fracaso, que en muchas ocasiones están estrechamente interrelacionadas con las probabilidades de continuidad-abandono. Características como la edad y el sexo, y circunstancias como el estado civil, la ocupación, los horarios y las disponibilidades de todo tipo, deben ser conocidas claramente desde el principio.
También es relevante el conocimiento de las aptitudes (habilidades intelectuales) y la actitud hacia el desarrollo de los procesos de enseñanza-aprendizaje, lo que proporciona información sobre las motivaciones con las que los abordan.
Todas estas cuestiones a evaluar respecto de la materia de estudio deben ser extendidas al manejo de las tecnologías informativas y sistemas de comunicación que serán habitualmente utilizadas en la educación a distancia. Muchas de las disfunciones y dificultades para la construcción de aprendizajes en los procesos de educación a distancia pueden ser achacables a una escasa destreza en la utilización de este tipo de medios tecnológicos digitales.
Pese a la creciente simplicidad en el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, muchas personas –incluso con elevados niveles de instrucción- encuentran problemas para manejarse adecuadamente con ellas. Esta es una cuestión capital para la evaluación inicial en educación a distancia, que debe discernir sobre el grado de competencia del participante en el manejo de las herramientas de comunicación y sobre la influencia de este nivel de competencia sobre el aprendizaje de la materia.
La segunda pregunta que cabría hacerse en relación con la evaluación inicial de los alumnos es: ¿cuándo evaluar? Las respuestas a esta pregunta en el ámbito de la educación a distancia de personas adultas serían las siguientes:
- - En el momento de la incorporación
- - Al comienzo de cada nueva fase de aprendizaje
La evaluación inicial debe realizarse con anterioridad al comienzo del proceso de enseñanza-aprendizaje. En el caso de las personas adultas que quieren estudiar a distancia, la evaluación inicial debe comenzar en el momento de la incorporación, es decir en el mismo momento en que la persona entra en contacto con la institución para solicitar información sobre los cursos. Sería muy necesario que en esos momentos previos se encontraran dos procesos de evaluación de orígenes muy divergentes: el de la persona adulta que después plantearse la posibilidad de estudiar, recaba información para decidir, y el del profesorado de la institución que la recibe, que trata de obtener información relevante sobre diferentes aspectos de la persona, con objeto de facilitarle los elementos de juicios suficientes para una toma de decisiones ajustada.
Pero la evaluación inicial no debe limitarse exclusivamente a estos momentos previos a la incorporación al proceso de enseñanza-aprendizaje. Al comienzo de cada nueva fase de aprendizaje debería llevarse a cabo una nueva evaluación inicial. En la educación a distancia esto resulta más dificultoso. No obstante, pueden utilizarse las tutorías colectivas dedicadas a la planificación de cada unidad didáctica para llevar a cabo una comprobación de los prerrequisitos necesarios para llevar a cabo el proceso de aprendizaje de una forma adecuada.
La tercera pregunta que puede hacerse en relación con la evaluación inicial de los alumnos es: ¿cómo evaluar? Las respuestas a esta pregunta en el ámbito de la educación a distancia de personas adultas serían las siguientes:
- - Mediante un sondeo de prerrequisitos
- - Mediante el análisis de las reacciones frente al nuevo material o situación de aprendizaje
- - Mediante el proceso de desarrollo de la Valoración Inicial del Alumno (VIA)
El sondeo puede hacerse por escrito, mediante una pequeña prueba que muestre la disponibilidad o no de determinados capacidades o destrezas necesarias para el estudio que se inicia. La dificultad mayor de esta fórmula reside en que si la prueba no está bien diseñada para ser corregida inmediatamente, no sería posible aprovechar esa tutoría colectiva para tratar de remediar las dificultades que aparezcan.
Otra posibilidad es tratar de realizar el sondeo tratando de observar las respuestas del alumnado a preguntas o cuestiones concretas planteadas para que sean puestas en común en la sesión de tutoría colectiva. También puede preguntarse directamente a los alumnos sobre su conocimiento o dominio de determinados conceptos o procedimientos.
Por su especial relevancia y significado, el proceso de valoración inicial del alumno lo analizaremos en el apartado siguiente
El proceso de valoración inicial del alumno (VIA)
El paradigma del aprendizaje a lo largo y a lo ancho de la vida supone la integración de conocimientos y destrezas procedentes de los tres ámbitos en los que se desarrolla el aprendizaje: el formal, el no formal y el informal. Esta integración se produce naturalmente y contribuye a la construcción de la persona. La naturalidad de este proceso es desconocida habitualmente por los sistemas formales de enseñanza, que tienden a clasificar a las personas en los distintos grados o niveles en los que se organizan, en función del éxito que hayan obtenido anteriormente en el interior de los mismos. Quiere esto decir que la práctica tradicional en la mayor parte de los sistemas formales de enseñanza relega la idea del aprendizaje permanente al ámbito de los grandes principios y niega el reconocimiento de las competencias adquiridas fuera de sus muros.Esto es particularmente contradictorio e injusto en el caso de la educación de personas adultas. La adultez puede proporcionar en muchos casos un bagaje de saberes y destrezas adquiridos fuera de la escuela que pueden resultar de gran utilidad también en el contexto académico.
Aunque la mayor parte de los países ha optado en buena lógica por acortar los currículos académicos destinados a los adultos, reconociendo implícitamente que la experiencia vital también proporciona habilidades susceptibles de aprovechamiento académico, apenas existen mecanismos formales de reconocimiento de estas competencias. La puesta en marcha de este tipo de mecanismos, que se configuran como herramientas de evaluación inicial de gran repercusión, puede evitar a las personas adultas un recorrido ritual por cursos y niveles para los que se requieren destrezas inferiores a las que tienen. Teniendo en cuenta lo indicado anteriormente, podríamos señalar que:
La valoración inicial del alumno es un proceso de evaluación que se inicia en el momento en el que el alumno adulto accede por primera vez al centro y concluye con la emisión de un juicio sobre la adecuación de su adscripción a un determinado nivel, tras un periodo significativo de clases. Dicho juicio debe tener en cuenta la opinión del alumno.
Es importante subrayar la idea de proceso (lo cual supone una serie de acciones que se desarrollan a lo largo de un tiempo significativo) para evitar ciertas concepciones confusas que tienden a equiparar la valoración inicial del alumno con una prueba de nivel. Esta confusión del todo con la parte, suele convertir una evaluación necesariamente procesual en evaluación sumativa. Sobre todo porque la parte que se confunde con el todo es la que se refiere al nivel de conocimientos académicos.
El proceso de valoración inicial del alumno debería tener las siguientes fases:
- La entrevista inicial. Su objetivo es facilitar y obtener al/del futuro alumno información coherente sobre la oferta del centro y sobre sus demandas y necesidades. Debería dar paso al proceso administrativo de matriculación.
- El análisis de la documentación académica aportada. Puede hacerse en presencia del alumno en el contexto de la entrevista inicial. Dicho análisis, junto con las necesidades y expectativas que manifieste, puede ofrecer los primeros indicios significativos para orientarle sobre las primeras alternativas a su alcance.
- La prueba de prerrequisitos debe determinar cuales son las capacidades y destrezas de las que el alumno adulto dispone efectivamente. Debe ser valorada por varios profesores con experiencia.
- La adscripción a un determinado nivel debe tener en cuenta la documentación académica y aportada y la valoración de la prueba de nivel. Dicha adscripción debe considerarse provisional.
- La entrevista de orientación puede llevarse a cabo cuando existan discrepancias significativas entre los resultados de la prueba de nivel y la documentación aportada. Debe realizarse por personal cualificado –preferentemente por orientadores o en su defecto por profesores con acreditada experiencia en la educación de personas adultas- con el objetivo de clarificar la situación del alumno en cuanto a su adscripción a un determinado nivel. El resultado de la entrevista deberá confirmar o modificar la adscripción provisional realizada.
- La observación durante el proceso de enseñanza-aprendizaje a efectos de evaluación inicial, debe llevarse a cabo por todos los profesores del grupo bajo la coordinación del tutor. El periodo de observación debe finalizar con una primera sesión de evaluación, en la que el equipo docente, teniendo en cuenta los resultados de la observación y la opinión del alumno, tomará la decisión sobre la adscripción definitiva a un determinado nivel. La duración idónea de este periodo de observación es de unas cuatro semanas. Dadas las especiales características de la educación a distancia, en las primeras sesiones tutoriales debería llevarse a cabo la comprobación de que el alumno se encuentra en condiciones de seguir el curso con aprovechamiento, tanto en lo que se refiere a la naturaleza de la materia cuanto a lo relativo al manejo de las herramientas y sistemas de comunicación.
2.2 La evaluación formativa.
La evaluación formativa tiene como finalidad principal conseguir el perfeccionamiento del proceso de enseñanza-aprendizaje en un momento en el que todavía puede producirse. Por tanto, deberá aplicarse a través del desarrollo del propio proceso didáctico. No puede equipararse la evaluación formativa con las pruebas realizadas a la finalización de cada unidad didáctica, porque en este caso se trata de evaluaciones sumativas, cuyo objetivo básico es comprobar a posteriorilos aprendizajes adquiridos. La evaluación formativa tiene que ver más con los procesos de aprendizaje que con los productos del mismo.Al igual que hicimos anteriormente en relación con la evaluación inicial, podríamos preguntarnos en relación con la evaluación formativa de los alumnos: ¿qué evaluar?. Las respuestas a esta pregunta en el ámbito de la educación a distancia de personas adultas serían las siguientes:
Conviene evaluar los progresos, las dificultades, los bloqueos, etc. que aparecen durante el proceso de aprendizaje.
Las características específicas de la educación a distancia dificultan la contestación a la siguiente pregunta relacionada con la evaluación formativa de los alumnos: ¿cuándo evaluar?. La respuesta sería inequívoca si se tratase de educación presencial: durante el proceso de aprendizaje. La cuestión es que, en la modalidad de educación a distancia, el proceso de aprendizaje tiene lugar básicamente en solitario, lejos del profesor tutor. Esto complica la evaluación formativa.
El hecho de que en la educación a distancia sea más complicado llevar a cabo la evaluación formativa no significa de ningún modo que sea imposible. Tal vez no sea posible una evaluación continua, pero es claramente posible y deseable llevar a cabo una evaluación de tipo formativo. Las ocasiones para llevarla a cabo, que responderían a la pregunta que nos hemos formulado, son las siguientes:
- - En las tutorías individuales: respondiendo a dificultades y dudas planteadas, proponiendo alternativas de búsqueda de información, recuperación o refuerzo, orientando al alumnado en función de demandas expresadas y necesidades detectadas.
- - En las tutorías colectivas: comprobando los aprendizajes adquiridos, los procedimientos utilizados y los bloqueos o problemas específicos de los alumnos.
- - En la corrección de las actividades enviadas por los alumnos
- - Análisis de los procesos de aprendizaje
- - Análisis de tareas
- - Pruebas
- - Adquisición de la información
- - Interpretación de la información
- - Análisis de la información y realización de inferencias
- - Comprensión y organización conceptual de la información
- - Comunicación de la información
El segundo tipo de acciones tiene que ver con la indagación directa y su marco natural son las tutorías individuales. Teniendo en cuenta que determinados aspectos (sobre todos los relativos a la fase de adquisición de la información) presentan dificultades para la observación directa, el tutor debe recurrir a las preguntas directas sobre el modo de actuar de sus alumnos cuando estudian.
A continuación se incluye un instrumento para evaluar las estrategias cognitivas para resolver problemas. Se trata de una escala para determinar las frecuencias con las que el alumnado lleva a cabo determinadas estrategias. Puede ser utilizada como escala de observación (en las tutorías colectivas e individuales) o como guía para realizar entrevistas con los alumnos en la tutoría individual.
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